Ordenamiento, incentivos y visión de ciudad

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La ciudad de Guatemala atraviesa un proceso de transformación profunda, dejando atrás décadas de expansión horizontal para entrar en una etapa de densificación vertical. Un cambio que responde en parte a la necesidad, pero también a una visión de futuro. Como desarrollador inmobiliario, pero sobre todo como alguien comprometido con la creación de proyectos urbanos, estoy convencido de que el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es la hoja de ruta que nos permite hacerlo con sentido estratégico.

El POT no es únicamente un reglamento que define dónde se puede construir. Es una lectura técnica del territorio que reconoce capacidades y limitaciones: topografía, infraestructura, riesgos y oportunidades. Así, la clasificación en zonas G establece que no toda la ciudad debe crecer igual, ni al mismo ritmo. Desde el cinturón ecológico (G0 y G1) pasando por las áreas centrales (G3), hasta las zonas de alta y muy alta densidad (G4 y G5), el POT orienta un crecimiento diferenciado y sostenible.

En las áreas centrales, particularmente G3, G4 y G5, esta herramienta, bien utilizada, permite aprovechar la infraestructura existente, acercar vivienda a los centros de trabajo y reducir la presión de crecimiento hacia la periferia. Estas zonas contemplan un reglamento de incentivos como un mecanismo que exige a las inmobiliarias devolverle algo a la ciudad: espacio público, infraestructura peatonal, aportes sociales, vivienda más accesible. En otras palabras, no se trata de construir más, sino de construir mejor.

Entender el POT desde el inicio permite identificar qué terrenos realmente tienen vocación de desarrollo y cuáles, aunque atractivos en apariencia, no tienen el potencial que se asume. En ese sentido, la manera deconcebir y diseñar proyectos ha cambiado. Ya no se trata solo de maximizar metros cuadrados, sino de pensar cómo estos se integran al entorno, cómo aportan valor más allá de su espacio y cómo con ello ganamos legitimidad frente a la comunidad y a la ciudad. Además, se genera plusvalía tanto en el proyecto mismo como en la zona intervenida.

Hoy, casi la mitad de la oferta habitacional se concentra en el corazón de la ciudad. Ignorar esta realidad sería negar la oportunidad de consolidar un modelo de negocio urbano más eficiente, cercano y sostenible. El POT y sus incentivos representan una guía clara y valiosa para el desarrollo de la ciudad; una herramienta que orienta la inversión y que, con el tiempo y la experiencia, puede seguir afinándose para responder mejor a los retos urbanos.

La ciudad de Guatemala está cambiando. Y en este cambio, los desarrolladores tenemos un rol que va más allá del negocio. Densificar con propósito, construir con visión y asumir que cada proyecto es una pieza del ecosistema urbano es parte de nuestra responsabilidad. Porque al final, no se trata solo de levantar torres, sino de elevar los estándares con los que entendemos y construimos ciudad para todos.

Ing. Estuardo Noack

Gerente de Nuevos Proyectos